
Hepatectomía
Cirugía oncológica hepática.
La hepatectomía es una cirugía que consiste en retirar una parte del hígado cuando existe un tumor hepático u otra enfermedad que requiere tratamiento quirúrgico especializado. Su planificación depende del tamaño y ubicación de la lesión, la cantidad de hígado sano disponible, la función hepática, la presencia de cirrosis y el estado general del paciente. En cáncer de hígado localizado, puede ofrecer una posibilidad de control de la enfermedad en pacientes cuidadosamente seleccionados. Por tratarse de una cirugía de alta complejidad, requiere una evaluación precisa para retirar el tejido comprometido sin comprometer la función esencial del hígado.
Sobre el
Procedimiento
Qué es la hepatectomía
La hepatectomía es el procedimiento quirúrgico mediante el cual se extirpa una porción del hígado. También puede llamarse resección hepática parcial cuando se retira únicamente el segmento, lóbulo o área del hígado donde se encuentra la lesión.
El hígado es un órgano vital encargado de funciones esenciales como producir proteínas, participar en la coagulación, procesar nutrientes, metabolizar medicamentos y ayudar a eliminar sustancias de desecho. Por esta razón, la cirugía hepática debe planificarse con especial cuidado.
Una característica importante del hígado es su capacidad de regeneración. Sin embargo, esta capacidad depende de que el tejido restante esté sano y sea suficiente para sostener las funciones hepáticas después de la cirugía.
Cuándo puede indicarse
La hepatectomía puede indicarse en pacientes con tumores hepáticos localizados, como carcinoma hepatocelular, metástasis hepáticas seleccionadas o lesiones benignas que generan síntomas, crecimiento o riesgo de complicaciones.
En cáncer primario de hígado, la cirugía suele considerarse cuando existe una lesión resecable, el tumor no compromete estructuras vasculares críticas y el paciente conserva una función hepática adecuada.
También puede utilizarse en algunos casos de metástasis al hígado, especialmente cuando la enfermedad está limitada al órgano o cuando forma parte de una estrategia multidisciplinaria con quimioterapia, ablación u otros tratamientos.
No todos los pacientes son candidatos a una hepatectomía. Cuando existen múltiples lesiones, enfermedad avanzada, compromiso vascular importante, cirrosis severa o función hepática limitada, pueden evaluarse otras alternativas terapéuticas.
Hepatectomía parcial
La hepatectomía parcial consiste en retirar el segmento del hígado donde se encuentra el tumor, conservando la mayor cantidad posible de tejido sano. Puede incluir resecciones pequeñas, segmentectomías, seccionectomías o resecciones más amplias según la localización de la enfermedad.
El objetivo es retirar el tumor con márgenes adecuados y dejar suficiente hígado funcional para que el paciente pueda recuperarse de forma segura. Esta decisión depende tanto de la extensión del cáncer como de la calidad del hígado restante.
En pacientes sin cirrosis y con buena función hepática, el hígado suele tolerar mejor resecciones mayores. En cambio, cuando existe enfermedad hepática crónica, el margen de seguridad es menor y la planificación debe ser más estricta.
Pacientes con cirrosis
Muchos pacientes con cáncer de hígado también tienen cirrosis, una condición en la que el tejido hepático sano ha sido reemplazado parcialmente por cicatriz. Esto reduce la capacidad del hígado para funcionar y recuperarse después de una cirugía.
En pacientes con cirrosis, la hepatectomía solo puede considerarse cuando el tumor es pequeño, está localizado y el hígado conserva una reserva funcional suficiente. Incluso retirar una pequeña cantidad de tejido puede ser riesgoso si la función hepática está muy comprometida.
Por eso, antes de indicar una resección hepática se evalúan parámetros como función hepática, presión portal, bilirrubina, coagulación, plaquetas, volumen hepático remanente y estado general del paciente.
Cómo se realiza
La hepatectomía se realiza en quirófano, bajo anestesia general. Puede llevarse a cabo mediante cirugía abierta, laparoscópica o asistida por robot en casos seleccionados, dependiendo de la ubicación del tumor, el tamaño de la lesión, la anatomía hepática y la experiencia del equipo quirúrgico.
Durante el procedimiento, el cirujano identifica el área del hígado que debe retirarse, controla cuidadosamente los vasos sanguíneos y conductos biliares, y separa el tejido hepático comprometido del tejido sano.
La cirugía hepática exige un control preciso del sangrado, ya que el hígado recibe una gran cantidad de flujo sanguíneo. También requiere proteger los conductos biliares para reducir el riesgo de fuga biliar después de la cirugía.
Evaluación previa
Antes de una hepatectomía, el paciente requiere una evaluación completa para confirmar si la cirugía es segura y si puede aportar beneficio oncológico real. Esta valoración puede incluir tomografía, resonancia magnética hepática, análisis de función hepática, marcadores tumorales, pruebas de coagulación, evaluación anestésica y estudios adicionales según el caso.
En cáncer de hígado, es fundamental conocer no solo el tumor, sino también el estado del hígado completo. Una lesión técnicamente resecable puede no ser operable si la función hepática no es suficiente.
En algunos casos se puede considerar tratamiento previo para reducir el tumor, optimizar la función hepática o aumentar el volumen del hígado que quedará después de la cirugía. Estas decisiones deben tomarse dentro de una planificación multidisciplinaria.
Recuperación y seguimiento
La recuperación depende de la extensión de la resección, la función hepática previa, la vía quirúrgica utilizada y el estado general del paciente. Después de la cirugía se vigila el dolor, el sangrado, la función hepática, la coagulación, la producción de bilis y la recuperación general.
Durante los primeros días puede requerirse hospitalización, control de laboratorio, movilización progresiva, reinicio gradual de la alimentación y vigilancia estrecha para detectar complicaciones.
El seguimiento posterior incluye revisión del informe patológico, controles de función hepática, imágenes de vigilancia y evaluación de posibles tratamientos complementarios. En cáncer de hígado, el control a largo plazo es esencial porque puede existir riesgo de recurrencia, especialmente si persiste una enfermedad hepática de base.
Aspectos importantes a considerar
La hepatectomía es una cirugía mayor y puede implicar riesgos como sangrado, infección, trombosis, fuga biliar, acumulación de líquido abdominal, complicaciones respiratorias o insuficiencia hepática posterior. La cirrosis aumenta el riesgo de complicaciones como fuga biliar, falla hepática y mortalidad posoperatoria, por lo que la selección del paciente es determinante.
También es importante considerar que la cirugía puede retirar el tumor visible, pero no siempre elimina la enfermedad hepática de fondo que favoreció su aparición. Por eso, el seguimiento y el manejo de condiciones como hepatitis viral, hígado graso, alcohol, cirrosis u otros factores de riesgo son parte fundamental del tratamiento.
La experiencia del equipo quirúrgico, la adecuada selección del paciente y la coordinación con oncología, hepatología, radiología y nutrición influyen directamente en la seguridad y los resultados.
Enfoque del Dr. William Puente
En la hepatectomía, el Dr. William Puente prioriza una planificación quirúrgica precisa que combine control oncológico, preservación de función hepática y seguridad técnica. Cada caso se analiza considerando el tipo de tumor, la reserva funcional del hígado, la presencia de cirrosis, el volumen hepático restante y las alternativas terapéuticas disponibles. Su enfoque busca ofrecer una cirugía responsable, cuidadosamente indicada y acompañada por una visión integral durante todo el proceso.

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